Cuando aparece un
libro nuevo, una de las preguntas que nos suelen hacer a los escritores (además
de cómo se nos ocurrió la idea) es por
qué lo escribimos. Tengo que admitir que esta pregunta (al igual que la otra)
es difícil de responder. La mayoría de las veces, nosotros mismos no tenemos
idea de por qué hacemos las cosas. Sin embargo, con La logia del libro creo tener una respuesta.
Lo primero que me
empezó a rondar por la cabeza fue una expresión que no sabía bien qué
significaba: la de «detective literario». A pesar de la falta de certezas, me
encantaba cómo sonaba, sus connotaciones, su vibra, digamos. Soy un enamorado
de las historias policiales que tienen en sus tramas un «detective» que ve lo
que los demás no ven: August Dupin, Sherlock Holmes, el padre Brown, Hércules
Poirot, Daniel Hernández… Incluso Dr. House y Patrick Jane. Por eso, me gustaba
pensar en un detective que se dedicara a la literatura, aunque no supiera lo
que podía llegar a hacer.
El tiempo fue pasando
y la idea nunca abandonó mi mente. De a poco (muy de a poco) iba construyendo esa figura. Hasta que la vinculé
con otro tipo de historias que amo: aquellas que hablan de libros y de
literatura. En ese momento, apareció el click
que permitió que todo comenzara a encajar. Escribiría la historia de un libro que vuelve locas a las personas.
Ahí nació La logia del libro.
Un libro maldito,
toda una sucesión de escritores famosos que lo tuvieron entre sus manos y, en
algunos casos, lo leyeron (Cervantes, Bram Stoker, Robert Chambers, H.P.
Lovecraft, Borges, entre muchos otros). Como con todo libro maldito, no
faltaría una logia secreta que se crea dueña de él y que estuviera dispuesta a todo
por conservarlo o, en caso de haberlo perdido, recuperarlo. Y, claro, la figura
de un experto en literatura que sería el encargado de hacer este trabajo.
Listo, ahí lo tenía todo, o al menos eso creía.
Pero estaba
equivocado.
Cuando empecé a
escribir la novela, me pasó algo que no siempre (o, incluso, casi nunca) me
pasa: me enamoré de mi personaje. Dante San Martín, el protagonista, es, de
alguna manera, todo con lo que me identifico: una persona que vive para y por
la literatura. Pocas veces disfruté tanto de la compañía de un personaje como
disfruté de la de Dante. De hecho, sé que va a volver. Aún me queda mucho por
descubrir de él.
Entonces, volviendo a
la pregunta inicial: ¿por qué escribí La
logia del libro? Porque deseaba escribir sobre lo que amo, porque
necesitaba darle entidad a una idea que me perseguía a pesar de no saber lo que
significaba, porque había un personaje que debía nacer para convertirse en mi
mejor amigo.
Y ahora, la pregunta que te hago a vos, querido lector, es: ¿por qué, todavía, no reservaste tu ejemplar de La logia del libro? La preventa ya está abierta, y te espera.
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